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Fundamentos de la Fe Ortodoxa.

Símbolo Niceo-Constantinopolitano.

El símbolo de la fe(el credo) es una oración en la cual están presentadas, con breves pero exactas palabras, las verdades fundamentales de la fe ortodoxa.

El hombre sin fe es comparable a un ciego. La fe le permite al hombre obtener el conocimiento espiritual, que le ayuda a ver y comprender la esencia de lo que pasa a su alrededor, la razón de la creación, la finalidad de la existencia, lo que es correcto y lo que no lo es, hacia donde debe orientarse, etc.

Informe histórico

Desde los antiguos tiempos apostólicos, los cristianos utilizaban los llamados "símbolos de la fe" (o credos) para recordar las mas importantes verdades de la fe cristiana. En la antigua Iglesia existían varios símbolos de fe sucintos. En el siglo IV, cuando aparecieron las falsas doctrinas acerca de Dios Hijo y el Espíritu Santo, se suscitó la necesidad de completar los símbolos de antaño.

El Símbolo de la fe que estamos tratando fue compuesto por los Padres del Primer y Segundo Concilio Ecuménico (universal). En el Primer Concilio Ecuménico fueron redactados los siete primeros artículos de este Símbolo, y en el segundo, los cinco restantes. El Primer Concilio Ecuménico tuvo lugar en Nicea en el año 325 de la era cristiana, con el fin de afirmar la verdadera doctrina acerca del Hijo de Dios en contraposición a la falsa doctrina de Arrio, que sostenía que el Hijo de Dios fue creado por Dios Padre. El Segundo Concilio Ecuménico fue celebrado en el año 381 en Constantinopla para afirmar la doctrina verdadera del Espíritu Santo en contraposición a la falsa doctrina de Macedonio, que había rechazado la divina dignidad del Espíritu Santo. De acuerdo con los nombres de las dos ciudades en las cuales se reunieron los Padres del Primer y Segundo Concilio Ecuménico, el Símbolo lleva en nombre de Niceo-Constantinopolitano.

El Símbolo de la fe se divide en 12 artículos. En el primer artículo se habla de Dios Padre; desde el segundo hasta el séptimo artículo se habla de Dios Hijo; en el octavo artículo, de Dios Espíritu Santo; en el noveno, de la Iglesia; en el décimo, del bautismo y finalmente, los artículos undécimo y duodécimo expresan la resurrección de los muertos y la vida eterna.

El texto del Credo

Creo en un solo Dios, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas visibles e invisibles.

Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios nacido del Padre, antes de todos los siglos; luz de luz; verdadero Dios de Dios verdadero. Engendrado no hecho; consubstancial al Padre, por Quien fueron hechas todas las cosas. Quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación, bajó de los cielos y se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado también para nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció, fue sepultado. Resucitó al tercer día según las escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre. Y vendrá por segunda vez lleno de gloria a juzgar a los vivos y a los muertos y su Reino no tendrá fin.

Y en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado que habló por los profetas.

Y en una Iglesia Santa Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

¿En qué creemos

conforme con el Símbolo?

Iniciamos el simbolo con la palabra "creo," porque el contenido de nuestros conceptos religiosos no se basa en la experiencia exterior, sino en la aceptación de las verdades divinas reveladas, ya que los objetos y fenómenos del mundo espiritual no pueden verificarse por medios de laboratorio, ni comprobarse con recursos de la lógica: entran en la esfera de la experiencia religiosa personal del hombre. Sin embargo, cuanto más crece el hombre en la vida espiritual, por ejemplo rezando, pensando en Dios o haciendo obras buenas, más se desarrolla en él la experiencia espiritual interior y con tanto mayor claridad se le manifiestan las verdades religiosas. De esta manera la fe se hace para el hombre creyente el objeto de su experiencia personal.

Creemos que Dios es la plenitud de la perfección: es el espíritu perfectísimo que no tiene ni principio ni fin, eterno, todopoderoso y sapientísimo. Dios omnipresente ve todo y sabe lo que todavía no ha acontecido. Es infinitamente bueno, justo y santísimo. No tiene necesidad de nada y es la causa primaria de todo lo existente.

Creemos que Dios es único por su esencia y trino en Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; Santísima Trinidad, unida e indivisible. El Padre no nace ni procede de ninguna otra entidad; el Hijo ha nacido en la eternidad del Padre; el Espíritu Santo, desde la eternidad, procede del Padre.

Creemos que todas las Personas o hipóstasis de Dios son equivalentes entre sí, conforme con la perfección, el poder, la majestad y la gloria Divinas; es decir que creemos que el Padre es Dios verdadero y perfectísimo, que el Hijo también es Dios verdadero y perfectísimo, al igual que el Espíritu Santo, que es asimismo Dios verdadero y perfectísimo. Por lo tanto, en las oraciones glorificamos simultáneamente al Padre, Hijo y Espíritu Santo como Dios Único.

Creemos que todo el mundo visible e invisible fue creado por Dios. Al principio Dios creó el mundo invisible angélico, llamado en la Biblia " firmamento" o "cielo", y luego el nuestro, mundo material o físico (según la Biblia, "la tierra"). El mundo físico fue creado por Dios de la nada, pero no repentinamente sino de un modo gradual en períodos denominados en la Biblia "días." Dios creó el mundo no por obligación o necesidad, sino por su Beneplácito, para que otras entidades creadas por Él, también gocen de la vida en medio de su creación. Siendo infinitamente bueno, Dios ha creado todo bueno. El mal ocurre en el mundo debido al uso de la libre voluntad, con la cual Dios ha dotado a los ángeles y a los hombres. Por ejemplo, el diablo y los demonios otrora fueron ángeles buenos, pero luego se sublevaron contra Dios y voluntariamente se convirtieron en espíritus malignos. Estos desobedientes ángeles convertidos en demonios fueron expulsados del Paraíso y formaron su tenebroso reino llamado Infierno. Desde aquel entonces incitan a los hombres al pecado y actúan como enemigos de nuestra salvación.

Creemos que Dios sostiene todo por su poder, es decir que todo lo dirige a todos y todo lo lleva a un beneficioso fin. Dios nos quiere y cuida de nosotros como una Madre a sus hijos. Por consiguiente no podrá ocurrirle nada malo al hombre que se encomienda a Dios.

Creemos que el Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, descendió del cielo para nuestra salvación y se encarnó por obra del Espíritu Santo en el cuerpo de la Doncella María. Siendo Dios desde la eternidad, en la época del rey Herodes adoptó nuestra naturaleza humana, con alma y cuerpo, y por lo tanto es al mismo tiempo Dios verdadero y Hombre verdadero, o sea Dios-Hombre. Él, en una Persona Divina combina ambas naturalezas: la Divina y la Humana. Estas dos naturalezas permanecen en Él para siempre sin experimentar ningún cambio, sin fundirse ni transformar una naturaleza en otra.

Creemos que Nuestro Señor Jesucristo, al vivir sobre la tierra, iluminó al mundo con Su doctrina, ejemplo y milagros, es decir, que enseñó a los hombres en qué deben creer y cómo deben vivir para heredar la vida eterna. Con sus oraciones dirigidas al Padre, por el cumplimiento absoluto de su voluntad, con su pasión y muerte en la Cruz venció al diablo y redimió al mundo del pecado y de la muerte. Mediante su resurrección de entre los muertos, estableció nuestra resurrección. Después de su Ascensión al cielo con su cuerpo, lo que ocurrió al 40 día después de su resurrección, el Señor Jesucristo se sentó a la diestra de Dios Padre, es decir que asumió como Dios Hombre el poder único que tiene con su Padre, y desde aquel entonces dirige el destino del mundo juntamente con su Padre.

Creemos que el Espíritu Santo, al proceder de Dios Padre (solamente), desde el principio del mundo, junto con el Padre y el Hijo, otorga existencia a las criaturas, les da vida y las guía. Es la fuente de la bienaventurada vida espiritual para los ángeles, al igual que para los hombres; y al Espíritu Santo se le debe gloria y adoración conjuntamente con el Padre y el Hijo. En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo habló por medio de los profetas, luego, en el principio del Nuevo Testamento, habló por los apóstoles, y en la actualidad actúa en la Iglesia de Cristo, instruyendo en la verdad a sus pastores y a todos los cristianos ortodoxos.

Creemos que Jesucristo, para la salvación de los que creen en Él, fundó en la tierra la Iglesia haciendo descender sobre los apóstoles el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Desde aquel entonces el Espíritu Santo permanece en la Iglesia, en esta bendita sociedad o unión de los creyentes cristianos, y guarda la pureza de la doctrina de Cristo. Además, la gracia del Espíritu Santo, que permanece en la Iglesia, purifica a los que se arrepienten de sus pecados, ayuda a los creyentes para que tengan éxito en sus buenas obras y los santifica.

Creemos que la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica. Es Una porque todos los cristianos ortodoxos, aunque pertenezcan a diferentes iglesias locales nacionales, forman una sola familia junto con los ángeles y los santos del cielo. La unidad de la Iglesia se funda en la unidad de la fe y la gracia. La Iglesia es Santa porque sus fieles hijos se santifican por la palabra de Dios, la oración y los Santos Sacramentos. La Iglesia se denomina Católica (Universal) porque está destinada a los hombres de todos los tiempos y nacionalidades. La Iglesia se llama Apostólica, porque conserva la doctrina de los apóstoles y la sucesión apostólica se transmite incesantemente hasta nuestros días de un obispo a otro en el Sacramento de la Ordenación. Según la promesa de Jesucristo, la Iglesia permanecerá invencible para los enemigos hasta el fin del mundo.

Creemos que en el Sacramento del Bautismo se perdonan al creyente todos sus pecados y que por medio de este Sacramento, los creyentes se hacen miembros de la Iglesia. Para ellos queda franqueado también el acceso a los otros sacramentos para su salvación. Así, en el Sacramento de la Confirmación (unción con el óleo) se proporciona al creyente la gracia del Espíritu Santo; en el Sacramento del Arrepentimiento se perdonan los pecados cometidos en uso de conciencia después del bautismo; en el Sacramento de la Eucaristía, que se lleva a cabo durante la Liturgia, se efectúa la comunión de los fieles con el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo; en el Sacramento del matrimonio se establece la inseparable unión entre los esposos; en el Sacramento del Orden Sagrado se consagran los servidores de la Iglesia: diáconos, sacerdotes y obispos; y en el Sacramento de la Unción a los Enfermos (que se realiza con 7 sacerdotes, o, de no ser posible, con la cantidad que haya) se ofrece la curación de las enfermedades espirituales y físicas.

Creemos que antes del fin de este mundo Jesucristo, acompañado por los ángeles, volverá a la tierra con gloria. Entonces cumpliendo su palabra, resucitarán todos los muertos; es decir, que tendrá lugar un milagro por el cual las almas de los muertos volverán a los cuerpos que tenían antes de morir, es decir, revivirán. Durante la resurrección universal, los cuerpos de los rectos, resucitados o todavía vivientes, se renovarán y se espiritualizarán a imagen de la resurrección de Cristo.

A continuación de la resurrección, todos los hombres comparecerán ante el juicio de Dios para recibir conforme con los actos realizados en la vida corporal, hayan sido éstos buenos o malos. Después del juicio, los pecadores no arrepentidos pasarán al eterno suplicio, mientras que los rectos pasarán a la vida eterna. De esta manera comenzará el Reino de Cristo que no tendrá fin.

Con la palabra final "Amén" testimoniamos que aceptamos de todo corazón la confesión citada de la fe ortodoxa, la cual consideramos verdadera.

El Símbolo de la fe es leído por quien recibe el bautismo (catecúmeno) durante el Sacramento del Bautismo. En el caso del bautismo de un niño es leído por los padrinos. Además, el Símbolo de la fe se canta en el templo durante la Liturgia, y se debe leer diariamente durante las oraciones matutinas. Una lectura atenta del Símbolo de la fe influye substancialmente sobre nuestra fe. Esto se debe a que el Símbolo de la fe no es una simple confesión de fe sino una oración. Pronunciando con espíritu de oración la palabra "creo" y otras palabras del Símbolo, vivificamos y afirmamos nuestra fe en Dios y en todas las verdades que están contenidas en el mismo. Precisamente por eso es tan importante para los cristianos ortodoxos leer diariamente o cuando menos regularmente el Símbolo de la fe.

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Las principales verdades

¿Qué es la Ortodoxia?

Es la auténtica religión cristiana predicada por Jesucristo, transmitida por los Apóstoles a sus sucesores y conservada celosamente por la Iglesia Ortodoxa a través de los siglos en toda su auténtica pureza. Es la doctrina recta, la contenida en la Sagrada Escritura sin añadir ni quitar nada, en la Tradición y en los 7 Concilios Ecuménicos. Es la doctrina enseñada y predicada por la Iglesia Ortodoxa para glorificar a Dios y salvar las almas, según voluntad de Cristo. Es Ortodoxo quien sigue la doctrina de N.S.J. y las enseñanzas de la Iglesia Ortodoxa. Más exactamente, el que sigue la recta doctrina de Jesucristo. A esta doctrina y enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo, defendida y propagada por la Iglesia Ortodoxa, se llama: "ORTODOXIA."

¿Qué es la Iglesia Ortodoxa?

La Iglesia Ortodoxa es la sociedad de los fieles cristianos, fundada por N.S. Jesucristo sobre la Fe de los doce Apóstoles, que viven unidos por una misma doctrina, por la ley de Dios, por la jerarquía instituida divinamente y por la práctica de los Sacramentos, y obedecen a los Canónicos Pastores.

La Iglesia Ortodoxa posee la doctrina auténtica de Cristo, tal cual salió de sus labios y fue predicada por los apóstoles en el primer siglo de la era cristiana, allá en Palestina; practica sus mandamientos, vive la vida de la gracia que nos dejó por su muerte y sacramentos, espera en la vida eterna, sigue las enseñanzas de los 7 Concilios Ecuménicos y permanece estrechamente unido a sus pastores, los sacerdotes y obispos ortodoxos, descendientes en línea recta de los Apóstoles. Sólo reconoce como única y eterna cabeza de la Iglesia a N.S. Jesucristo que nos dirige, nos enseña y nos salva. Ella es la depositaria de la Doctrina de N.S.J. y continúa su obra salvadora y de amor en toda la tierra. Dios prometió a su Iglesia la asistencia del Espíritu Santo para no caer ni enseñar el error, y su permanencia en ella hasta la consumación de los siglos.

¿Dónde se halla contenida la doctrina Ortodoxa?

Las fuentes de donde extraemos nuestra fe ortodoxa son dos: La Sda. Escritura y la Santa Tradición. La revelación hecha por Dios al hombre sobre lo que debe creer y practicar para agradar a Dios y conseguir su salvación eterna se hallan únicamente en estas dos fuentes. La única que interpreta y enseña esta revelación es la Iglesia, pues así lo estableció N. S. Jesucristo, y es una prueba de seguridad de que estamos en la verdad, pues Jesucristo prometió su asistencia a sus apóstoles y a su Iglesia. La Biblia es la palabra de Dios, revelada al hombre por medio de los patriarcas, profetas y apóstoles, y que se halla escrita en lo que se llama Antiguo y Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento es un anuncio y preparación para recibir a Jesucristo, prometido a nuestros padres Adán y Eva en el Paraíso Terrenal después de su pecado, y el Nuevo Testamento es esa espera y promesa, hecha realidad: Jesucristo, el Hijo de Dios, se hace hombre. Toda la Biblia gira alrededor de Cristo. Cristo es su centro. La Biblia consta de 72 libros: 45 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo, divididos en libros Proféticos, Didácticos e Históricos.

El verdadero autor de estos libros sagrados es Dios, que se sirvió de un hombre para Transmitir su doctrina y mandamientos, asistiéndolo para que no se equivoque, pero respetando siempre el estilo de cada escritor inspirado. La Sda. Tradición son las verdades reveladas por Dios que no se hallan escritas en la Sta. Escritura y que se han transmitido oralmente de generación en generación. Hoy la hallamos manifestada por escrito en los Concilios, Santos Padres, Símbolos, Liturgias, Costumbres y leyes eclesiásticas, Monumentos, Pinturas... Tanto la Sda. Biblia como la Santa Tradición son reveladas por Dios, son las enseñanzas de N. S. Jesucristo. La revelación de Dios a los hombres se cierra definitivamente con la muerte del último apóstol, San Juan Evangelista, muerto cerca del año 100 d. Cristo.

Podemos resumir lo dicho en un simple esquema. La Ortodoxia se halla contenida en:

A) Sagrada Escritura.

;) Tradición Apostólica.

La Tradición la encontramos manifestada en:

1-Siete Concilios Ecuménicos.

2-Santos Padres y Escritores Cristianos.

3-Símbolo de los Apóstoles.

4-Símbolo - Niceno - Constantinopolitano.

5-Símbolo de San Atanasio.

6-Las Liturgias de la Iglesia.

7-Monumentos, Pinturas, Arqueología cristiana...

8-Los Libros Simbólicos: a) La Confesión Ortodoxa de Pedro Moghila; :) La Confesión Ortodoxa de Dositeo, Patr. de Jerusalén, 1672; c) El Catecismo de Filareto de Moscú.

9-El Magisterio permanente de la Iglesia.

10-La Legislación Eclesiástica.

11-Las costumbres y usos Cristianos.

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Diferencias doctrinales entre

la iglesia Ortodoxa y Romana

La diferencia fundamental es la relacionada con la supremacía Universal de la jurisdicción de Roma y la Infalibilidad Papal, que la Iglesia Ortodoxia no puede admitir, pues se opone a la Escritura y a la Tradición. La autoridad máxima y la infalibilidad descansan en el Concilio Ecuménico.

Además de lo dicho, existen otras consideraciones que podemos agrupar en dos apartados básicos: a) diferencias generales y b) diferencias especiales. Para dar una idea sintética de ellos, pasamos a una reseña esquemática de cuya lectura se infiere la gran posibilidad de su superación si se tiene en su debida cuenta, el espíritu de hermandad que anima, por sobre todo, el obrar de los verdaderos cristianos.

a. Generales: "dogmáticas, litúrgicas y disciplinares."

En la Iglesia Ortodoxa sólo se admiten 7 Concilios Ecuménicos. En la Iglesia Romana, por el contrario 20.

La Iglesia Ortodoxa no admite la procedencia del Espíritu Santo del Padre y el Hijo, sino únicamente del Padre.

La Sagrada Escritura y la Tradición tienen el mismo valor como fuente de la Revelación. En la Iglesia Romana, la Tradición es más importante que la Sda. Escritura.

La Consagración del Pan y del Vino en el Cuerpo y la Sangre de N. S. J. en la Misa se efectúa por el Prefacio, las Palabras del Señor y la Epíclesis y no por las palabras dichas por Cristo en la Ultima Cena como enseña la Iglesia Romana.

La Iglesia Ortodoxa no admite la Infalibilidad del Obispo de Roma en ningún caso. La Infalibilidad es una prerrogativa de toda la Iglesia, y no de una persona.

La Iglesia Ortodoxa enseña que las decisiones de un Concilio Ecuménico son superiores a las decisiones del Papa de Roma o cualquier jerarca eclesiástico.

La Iglesia Ortodoxa no admite la Supremacía Universal de Derecho del Obispo de Roma sobre toda la Iglesia Cristiana. Todos los obispos son iguales. Sólo reconoce una Primacía de Honor o una Supremacía de Hecho (Primus inter pares).

La Virgen María fue concebida en pecado original como las demás criaturas. La Iglesia Romana, por definición del Papa Pío IX, en el año 1854, proclamó "Dogma" de Fe la Inmaculada Concepción.

La Iglesia Ortodoxa rechaza la adición del "Filioque" en el Símbolo Niceno- Constantinopolitano, aprobada por Roma.

La Iglesia Ortodoxa niega la existencia del Purgatorio y del Limbo.

La Iglesia Ortodoxa cree en la existencia de un Juicio Particular inmediatamente después de la muerte, así como también en el Juicio Final.

El Sacramento de la Santa Unción puede ser recibido varias veces por los fieles, en caso de cualquier enfermedad espiritual o corporal, y no solamente en peligro de muerte como en la Iglesia Romana

En la Iglesia Ortodoxa el ministro ordinario del Santo Crisma es el Sacerdote; en la Iglesia Romana lo es el Obispo, y el sacerdote solo extraordinario.

La Iglesia Ortodoxa no admite la existencia de las indulgencias. Distinta Concepción teológica sobre religión, Iglesia, Encarnación, Gracia, imágenes, escatología, Virgen María, Tradición, Jerarquía, Espíritu Santo, Purgatorio, Sacramentos, Culto de los Santos, infalibilidad, Estado...

En el Sacramento del Matrimonio el Ministro es el Sacerdote, y no los Contrayentes, como quiere la Iglesia Romana. Admite en casos excepcionales el Divorcio.

b. Especiales: Existen, además algunas otras diferencias disciplinarias o litúrgicas que no hacen a la doctrina o dogma tales serían, por ejemplo:

1) En la Iglesia Ortodoxa sólo se permiten Iconos en los templos.

2) Los Sacerdotes ortodoxos pueden libremente optar entre el Matrimonio o el Celibato.

3) Bautismo por Inmersión en la Iglesia Ortodoxa. En la Romana por Aspersión.

4) En el Sacrificio Eucarístico se usa pan con levadura.

5) El calendario ortodoxo y romano es diferente especialmente en cuanto a la Pascua de Resurrección.

6) Comunión de los fieles bajo las dos especies.

7) En la Iglesia Ortodoxa no existen las devociones del Sagrado Corazón de Jesús, Corpus Christi, Vía Crucis, Rosario, Cristo Rey, Inmaculado Corazón de María, y otras conmemoraciones análogas.

8) El Proceso de Canonización de un santo es distinto en la Iglesia Ortodoxa, en donde toma una mayor parte el pueblo en el reconocimiento de su santidad.

9) En la Iglesia Ortodoxa sólo existen 3 Ordenes Menores: Lector, Acólito y sub-diácono. En la Iglesia Romana son 4:Ostiario - Lector - Exorcista - Acólito.

10) El Santo Miron (Confirmación) y la Comunión en la Iglesia Ortodoxa se efectúa inmediatamente después del Bautismo.

11) En la Fórmula de la Absolución de los pecados en el Sacramento de la Confesión, el sacerdote absuelve no en nombre propio, sino en nombre de Dios: "Dios te absuelve de tus pecados.".. En la Iglesia Romana, el Sacerdote absuelve en su nombre propio como representante de Dios: "Ego absolvo a peccatis tuis..."

12) La Iglesia Ortodoxa no admite el poder temporal de la Iglesia. En la Iglesia Romana tal doctrina es Dogma de Fe.

¿Por qué soy Ortodoxo?

Soy ortodoxo porque pertenezco a la sociedad de los fieles cristianos unidos por la fe ortodoxa que siguen las enseñanzas y doctrinas de la Iglesia Ortodoxa, y viven conforme a lo que ella enseña, obedeciendo a sus Pastores en todo lo concerniente a la gloria de Dios y la salvación del alma. Soy Ortodoxo porque vivo y practico la fe y la virtud en la Iglesia Ortodoxa. Me hago miembro de ella por medio del Santo Bautismo administrado por sus ministros; asisto a las Iglesias ortodoxas y a su culto, me acerco a sus sacramentos, escucho la voz de Dios a través de sus pastores, trato de vivir de la Gracia que derrama continuamente sobre todos sus hijos.

Soy Ortodoxo, porque amo al verdadero Dios, a Jesucristo y su doctrina, según así lo enseña y predica la Santa Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa. En otro orden de consideraciones, ampliando lo que acabamos de decir, es llamado Ortodoxo el que cree Rectamente (porque la palabra griega "Ortodoxia" significa "Doctrina Recta"). La religión Cristiana Ortodoxa es aquella que Cristo fundó. Ella enseña: las verdades que debemos creer firmemente, los deberes que hemos de practicar y los medios que hemos de emplear para santificarnos. "Iglesia" es la agrupación de todos los cristianos que son bautizados, profesan la Doctrina de Jesucristo, participan de los mismos Sacramentos y obedecen a los Canónicos (legítimos) Pastores. Ella es la Depositaria de la Doctrina de Jesucristo y continúa su obra en la tierra. Canónicos o Legítimos Pastores de la Iglesia son los que enseñan y gobiernan a la Iglesia en nombre de Jesús, a saber los Obispos, los Sacerdotes y los Diáconos que son ordenados apropiadamente y se encuentran en orden con su Superior Autoridad Eclesiástica y con las leyes o cánones de su Iglesia.

Cristo fundó su Iglesia para enseñar, santificar y salvar a todos los hombres. Su Iglesia permanecerá para siempre porque Cristo prometió estar con ella "hasta el fin de los siglos" y ser su Cabeza invisible. Fuera de la Iglesia no hay salvación porque Ella recibió de Jesús el poder y los medios para salvar a los hombres.

La Iglesia que reúne las cuatro notas o características que distinguen la verdadera Iglesia: Una - Santa - Católica - Apostólica, es solamente la Iglesia Ortodoxa Oriental. Ella ha mantenido por veinte siglos los mismos sacramentos, las mismas Doctrinas y los mismos Pastores que son los sucesores de los Apóstoles. Su nombre de Ortodoxa le viene de que Ella cree y enseña correctamente la doctrina de Cristo. Ella se ha mantenido rectamente en la doctrina desde Jesucristo hasta el día de hoy. Nos llamamos Ortodoxos porque creemos exactamente lo que los Apóstoles enseñaron. El Primado de honor lo posee, el Patriarca Ecuménico que reside en Constantinopla. (Yérmanos Potizoidis, "La Doctrina de la Iglesia Cristiana Ortodoxa").

¿Qué enseña la Ortodoxia?

Las principales verdades que enseña la Ortodoxia se hallan contenidas en el Credo Niceno-Constantinapolitano, en donde se afirma:

1. Creo en un sólo Dios Padre, Omnipotente, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo que es visible e invisible.

2. Y en un sólo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Luz de Luz, Dios Verdadero de Dios Verdadero, engendrado y no hecho, consubstancial al Padre, por quien fueron hechas todas las cosas.

3. Que descendió de los cielos por causa de nosotros los hombres, y por nuestra salvación y encarnóse por el Espíritu Santo y en María Virgen y se hizo Hombre.

4. Y fue crucificado por nuestra causa, bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció y fue sepultado.

5. Y resucitó al tercer día, según las Escrituras.

6. Y subió a los Cielos y sentóse a la diestra del Padre.

7. Y nuevamente vendrá con gloria, para juzgar a los vivos y a los muertos y cuyo Reino no tendrá fin.

8. Y en el Espíritu Santo, Señor vivificador, que del Padre procede y que es con el Padre y el Hijo adorado y glorificado, y que habló por los profetas.

9. Y en una Iglesia Santa, Católica y Apostólica.

10. Confieso, también un solo Bautismo para la remisión de los pecados.

11. Y espero la resurrección de los muertos.

12. Y la vida del siglo futuro. Amén.

Sin perjuicio de lo expuesto, existe un cuerpo de verdades, atingente a lo dicho, relacionadas todas ellas al dogma, a la liturgia y a la ética religiosa.

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Religión

Entendemos por religión nuestra relación de dependencia para con Dios que manifestamos por medio de creencias y actos de culto en gloria y adoración a Dios. La religión es una obligación, desde el momento en que hemos sido creados por Dios y él nos cuida con su Divina Providencia. Hay una religión natural que la poseen y reconocen todos los seres humanos y pueblos, y una religión revelada, que se encuentra en la Biblia y Tradición.

La Revelación Divina

Las enseñanzas de nuestra santa fe ortodoxa las encontramos en la Revelación Divina, que es todo aquello que el propio Dios reveló a los hombres, para que éstos pudieran creer verdaderamente en El, conseguir la eterna salvación y darle constantemente el más digno honor. Siendo absolutamente necesaria a todos los hombres, Dios la dio para todos, pues ella nos conduce a la salvación eterna. La Revelación Divina no podía ser ofrecida a los hombres directa mente: por esto Dios escogió para este fin personas especialmente piadosas y santas, que recibieron de Dios la Revelación, transmitiéndola enseguida los hombres, deseosos de recibirla.

Revelación es la manifestación de una verdad desconocida. La revelación es iluminación del entendimiento. La religión revelada tiene tres fases o manifestaciones que forman tres grados de la religión sobrenatural: 1)

La revelación primitiva: es la revelación hecha por Dios a los primeros padres y patriarcas y que fue transmitida por tradición a sus descendientes. Llámase también patriarcal. Más tarde Moisés la consiguió por escrito en el Pentateuco; 2) la revelación Mosaica: es la revelación hecha al pueblo israelita por medio de Moisés y demás profetas. Duró hasta la promulgación del cristianismo; 3) la revelación Cristiana: es la revelación hecha por Dios a los hombres por el ministerio de Jesucristo. La religión fundada por Jesucristo se llama Cristianismo.

Estas tres revelaciones no se oponen sino que se desarrollan y perfeccionan; de modo que no son propiamente sino un sólo sistema de revelación divina que se completó en la revelación cristiana; las tres tienen dogmas, moral y ritos substancialmente los mismos; las tres reconocen a Dios por su autor; las tres tienen el mismo fin sobrenatural.

La primera Revelación Divina fue hecha a Adán, enseguida a Noé, después a Abraham, Moisés y otros profetas. En toda su plenitud, y en toda su perfección fue presentada la Divina Revelación a los hombres por el Hijo de Dios hecho hombre, N. S. Jesucristo, que la divulgó y expendió por el universo entero por medio de sus discípulos, los apóstoles. Dice San Pablo: "Antiguamente había Dios hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres, por los profetas; a nosotros nos habló en estos últimos días por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo por quien hizo también el mundo" (Hebr. 1:1-2).

El mismo apóstol dice también: "Hallamos la sabiduría de Dios, oculta en el misterio, a la cual Dios ordeno antes de los siglos para nuestra gloria; a la cual ninguno de los príncipes de este mundo conoció; más Dios nos la reveló por medio de Su Espíritu; porque el Espíritu penetra todas las cosas, aún las profundidades de Dios" (Ia. Cor. 2, 7, 8, 10). Y también San Juan Evangelista dice: "Dios nunca fue visto por alguien, el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, Ese lo hizo conocer" (S. Juan 1:18). El propio Nuestro Señor Jesucristo dice: "Nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quisiera revelar" (S. Mat. 11:27).

El hombre puede conocer a Dios por la observación del mundo visible. Este conocimiento, además es como preparación para el nacimiento de la verdadera fe, siendo un auxilio para el conocimiento de Dios dentro de la Revelación Divina. "Porque son cosas invisibles, desde la creación del mundo, tanto Su eterno poder, como Su Divinidad, se entienden y claramente se ven por las cosas que han sido creadas" (Rom. 1:20). "Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha fijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ello para que buscasen a Dios, si de alguna manera palpando, le hallen; aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros: Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también alguno de vuestros poetas dijeron: porque linaje de éste somos también" (Hechos. 17:26-28). "Meditando sobre la fe en Dios, predomina el pensamiento que Dios existe; conseguimos este pensamiento observando las cosas creadas. Investigando con empeño la creación del mundo, llegamos a conocer que Dios es universalmente sabio, omnipotente, bueno; conocemos también sus cualidades invisibles. De esta forma lo aceptamos como Poder Supremo. Ya que Dios es Creador del mundo y nosotros mismos hacemos parte de este mundo, vuélvese obvio, que Dios es también nuestro Creador. Como consecuencia de la comprensión de esta verdad surge la fe, por la cual prestamos a Dios nuestra adoración y nuestro homenaje" (S. Basilio el Grande, Epístola 232).

Aquellas verdades reveladas, imposibles de ser comprendidas o explicadas por la razón humana se llaman Misterios de la Fe.

La revelación divina entre los hombres se difundió de dos modos: 1) Por la transmisión verbal de Verdades Divinas de padre a hijo, conocida con el nombre de Sagrada Tradición; 2) Por la Escritura Sagrada que recibe el nombre de Biblia. Por la Sda. Tradición debemos entender todo aquello que sobre la verdadera fe, los misterios, etc., nuestros genuinamente piadosos y, creyentes antepasados transmitieron a sus hijos; éstos, a su vez, dijeron esas verdades a sus descendientes y así se continuó, llegando de esta forma hasta nuestros días. Todos los verdaderos creyentes, unidos por la Sda. Tradición de la Fe, en perfecta unión y heredad, de acuerdo con las Leyes Divinas, forman la Santa Iglesia, que es justamente la eterna conservadora del tesoro de la Sta. Tradición: "Iglesia de Dios Vivo, columna y firmeza de la verdad" (1 Tim. 3:15). Dice San Ireneo: "No se debe buscar la Verdad en otros medios, siendo tan fácil encontrarlos en el seno de la Iglesia. Pues, como una riquísima caja de tesoro, habían los Apóstoles depositado en toda la plenitud todo lo que pertenece a la Verdad; cualquiera que lo desee, puede conseguir el Agua de la Vida" (Tratado contra las herejías - Libro 3:c. 4).

El medio más antiguo de divulgación de la Revelación Divina fue la Sda. Tradición. Desde los tiempos del primer hombre, Adán, hasta Moisés, no había Escritura Sagrada alguna. El propio Salvador, N. S. Jesucristo, transmitió sus divinas enseñanzas a los Apóstoles por medio de las palabras y de los ejemplos y no por intermedio de libros. De la misma forma procedían en el comienzo los Santos Apóstoles, que divulgaban las Verdades verbalmente, edificando así, las bases de la Santa Iglesia. La necesidad de la existencia de la Sda. Tradición es evidente, pues de ella puede sacar provecho un número mucho mayor de personas que de la Sda. Escritura, ya que no todos saben beneficiarse de los libros. El motivo por el que fueron creadas las Sdas. Escrituras fue para conservar la Revelación Divina de una manera precisa e inalterable.

En las Sagradas Escrituras leemos las palabras de los Profetas y Apóstoles, como si oyésemos las Verdades de los propios labios de estos santos hombres, a pesar de que esas obras divinas datan de varios siglos y hasta milenios. Siempre debemos seguir la Sda. Tradición, aún cuando tengamos la Sda. Escritura, pues aquella está directamente unida a la Revelación Divina y con la Sda. Escritura.

La misma Sda. Escritura nos lo enseña: "Entonces hermanos estad firmes y conservad las tradiciones que os fueran enseñadas, ya sea por palabra, ya sea por carta nuestra" (Tes. 2:15). La Sda. Tradición debe ser considerada como necesaria aún en los tiempos actuales, para orientación y mejor comprensión de las Sdas. Escrituras: para la ejecución exacta y perfecta de los Santos Sacramentos y para la conservación pura e incorruptible de los rituales sagrados. San Basilio Magno nos dice: "Algunos dogmas y doctrinas de la Iglesia los poseemos de las fuentes escritas, habiendo obtenido otros de la tradición apostólica, hereditaria y misteriosamente. Tanto éstos como aquéllos poseen la misma fuerza" (Regla 97, del Espíritu Santo: Cap. 27). En cuanto al tiempo en que fueron escritas las Sdas. Escrituras sólo diremos que unas fueron antes del Nacimiento de N. S. Jesucristo y otra parte después del Nacimiento del Salvador. El Antiguo Testamento encierra el período antes del Nacimiento de Jesucristo; todos aquellos libros Sagrados escritos antes de la Era cristiana. El Nuevo Testamento se inicia con la santa noche de Belén, cuando Dios descendió a la tierra para salvar al género humano del pecado y de la muerte eterna. El Antiguo Testamento o la antigua unión de Dios con los hombres consistió en la promesa solemne, dada a los hombres por Dios, de que mandaría el Divino Salvador o Mesías para salvar a toda la humanidad de sus pecados. Consistía también en prepararnos para recibir al Hijo de Dios, haciéndolo por medio de Revelaciones, Profecías y Enseñanzas. Por el contrario, la nueva unión de Dios con los hombres o Nuevo Testamento consiste en el hecho de que Dios ofreció realmente su Hijo Unigénito, el Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, para salvar el género humano. Sobre la división y contenido de los Libros que componen el Antiguo Testamento diremos lo siguiente: 1) Los libros legislativos; p.e. aquellos que contienen enseñanzas sobre la Ley. A este grupo pertenecen los 5 libros de Moisés: Génesis, Exodo, Levítico, Números y Deuteronomio. El propio Señor denominó a estos libros de "Leyes Mosaicas" (S. Lucas 24:44). Estos libros representan la base principal en la que se apoya el Antiguo Testamento en su totalidad. 2) Los Libros Históricos: Josué, Jueces, Ruth, Libros de los Reyes, Crónicas, Esdraz, Ester, Sirah, Judith, los dos libros de los Macabeos. 3) Los Libros Instructivos: el libro de Job, los Salmos, los Proverbios, Sabiduría, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Eclesiástico, Tobias. 4) Los libros proféticos: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, y los libros de los doce profetas menores.

En el Génesis encontramos la descripción de la creación del universo y del hombre, de la historia primera de la humanidad y del establecimiento de los sentimientos religiosos entre los primeros hombres. Los otros cuatro libros de Moisés, contienen la historia de la religiosidad en los tiempos de Moisés como también sobre las Leyes por él recibidas del propio Dios. El libro de los Salmos no solamente nos enseña y eleva el alma a las prácticas piadosas, sino que contiene también un número considerable de profecías sobre la sagrada persona del Salvador. Este libro admirable es una guía magnifica para las oraciones y la glorificación de Dios, siendo constantemente utilizado en todos los rituales de la Santa Iglesia Cristiana Ortodoxa.

En cuanto al contenido de los libros del Nuevo Testamento los dividiremos así: 1) Los libros legislativos, que son la base principal de la nueva alianza de Dios con los hombres y llevan el nombre de Evangelios; 2) El libro histórico, denominado Hechos de los Apóstoles o Actos Apostólicos; 3) Los libros instructivos, que son las 7 Epístolas Universales de los Santos Apóstoles: Santiago, Pedro, Juan y Judas y también las 14 Epístolas del Apóstol San Pablo; 4) El libro profético, que es el Apocalipsis del Apóstol San Juan Teólogo.

Los Evangelios nos hablan sobre la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo: de su llegada a la tierra y de su vida entre los hombres; de los milagros que hizo; de las maravillosas enseñanzas que dejó a sus discípulos; de los sufrimientos y de la muerte en la cruz y finalmente de la resurrección y ascensión a los cielos, en donde reina con Dios Padre y Dios Espíritu Santo en el supremo misterio de la Santísima Trinidad. En razón de ser un mensaje de la eterna salvación, se lo considera como la más feliz de todas las noticias. Así se explica el alegre canto "Gloria a Ti Señor," después de la lectura del Santo Evangelio en la Iglesia.

Los Hechos de los Apóstoles nos dan a conocer el modo como se constituyó la Santa Iglesia Cristiana Apostólica y Ortodoxa; del día en el cual el Espíritu Santo posó sobre los Apóstoles y de la divulgación de las Sdas. Verdades de nuestra religión por los Santos Apóstoles. Los indicios que tenemos acerca de que la Sda. Escritura es la palabra de Dios son los siguientes: 1)La grandeza de su enseñanza, que demuestra no haber podido nacer del entendimiento humano, más sí haber tenido origen en la propia sabiduría de Dios. 2) La pureza y la sinceridad de la enseñanza, demostrando que desciende del Espíritu Divino. 3) Las Profecías, que son las predicciones extraordinariamente exactas de los acontecimientos futuros. 4) Los milagros, que son curas del cuerpo y del alma, causadas por la fe inquebrantable y por la gracia de Dios; curas esas inexplicables desde el punto de vista de las ciencias humanas. 5) La actuación poderosísima de las verdades y enseñanzas, contenidas en las Sdas. Escrituras, sobre los entendimientos y corazones humanos, propia, única y exclusivamente del poder Supremo de Dios.

Las Profecías son las predicciones exactas de cosas futuras, que no pueden ser conocidas de nadie, fuera de Dios Todopoderoso. El Profeta Isaías predice con anterioridad de varios siglos, el nacimiento de N. S. Jesucristo de la Virgen María, hecho este que bajo ninguna hipótesis podía haberse ni imaginado en tan lejana época histórica. No queda duda alguna de que las palabras de esta profecía fueron dictadas al Profeta Isaías por el propio Dios. Sobre este asunto nos dice el apóstol San Mateo: "Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que fue dicho acerca del Señor, por el profeta que dice: he aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y cuyo nombre será Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" (S. Mat. 1:22-23). Los milagros son actos sobrenaturales, que no pueden ser realizados por la fuerza o conocimientos humanos, no alcanzables por cualquier otra fuerza humana, más si únicamente con la participación directa de la fuerza infinita de Dios. Consideramos a los milagros como un indicio de la verdadera palabra de Dios, porque quien hace milagros, procede con la gracia del Poder Divino: ésto se comprende que él agradó a Dios de forma tan eficaz, que por intermedio de él, Dios demostró sus fuerzas supremas. Un hombre que posee esas cualidades superiores, indudablemente sólo habla la Verdad. Por eso, todo lo que él dice en nombre de Dios debe ser considerado Verdad absoluta: la Palabra de Dios Vivo. Nuestro Señor Jesucristo consideraba los milagros como un testimonio importantísimo de su sagrada misión entre los hombres: "Las obras que el Padre me dio para realizar, las mismas obras que yo hago, testifican de mí, que el Padre me envió" (San Juan 5:36). Cuando afirmamos sobre la poderosa actuación de la enseñanza cristiana en el espíritu humano nos apoyamos en el hecho de que los doce apóstoles pertenecían a la clase de hombres iletrados; a pesar de esto consiguieron compenetrarse a fondo de las Divinas Enseñanzas de su Maestro y divulgar el Evangelio y conducir a Cristo a los poderosos de este mundo: los reyes, sabios y ricos y hasta pueblos enteros.

La plenitud de la verdadera fe y de la verdadera doctrina es muy extensa para ser tenida en la conciencia de un sólo miembro de la Iglesia; ellas son guardadas y transmitidas por la Iglesia de generación en generación como su Tradición. La Tradición es la memoria viviente de la Iglesia, conteniendo la verdadera doctrina tal como ella se manifiesta en la historia. No es un museo arqueológico o un catálogo científico, no es tampoco un "depósito" muerto; no, la Tradición es una potencia viviente, inherente a un organismo viviente. Indicaremos a continuación el principio esencial de la Tradición: cada miembro de la Iglesia debe en su vida y conciencia (ya se trate de teología científica o de sabiduría práctica), buscar conseguir la unidad integral de la Tradición; encontrarse con ella. Debe acudir él mismo en ayuda de la Tradición; debe llevar en sí mismo la Tradición viviente; debe ser un eslabón inseparablemente unido a la cadena de la historia. La Tradición tiene muchos aspectos, ella puede ser escrita, oral, monumental. Hay una fuente de la Tradición que ocupa un lugar aparte, bien determinado: la Sda. Escritura.

¿Es a la Sda. Escritura o a la Tradición a quien pertenece la primacía? En la época de la Reforma se ensayó, en la Iglesia Occidental, de oponer la Sda. Escritura a la Tradición.

En realidad una tal oposición no debe existir; la idea de este antagonismo se forma de una manera ficticia, se ha querido disminuir el valor de la Escritura al lado de la Tradición, o a la inversa. La Escritura y la Tradición pertenece a la vida única de la Iglesia movida por el Espíritu Santo, que obra en la Iglesia, manifestándose por la Tradición e inspirando a los escritores sagrados. Notemos por otra parte los últimos estudios bíblicos que dan una parte creciente al elemento tradicional y colectivo; analizando los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, sobre todo los Evangelios, ellos descubren allí las primeras fuentes, en las cuales estos libros se han nutrido; la Escritura se acerca así a una suerte de Tradición escrita y el lugar se vuelve de más en más claro por las obras individuales de autores sagrados que la consideran muchas veces como escribiendo, por así decir, bajo el dictado del Espíritu Santo. Es necesario estudiar la Escritura y la Tradición, no como oponiéndose la una a la otra, sino como estando unidas, sin olvidar no obstante su diferencia real. La Sda. Escritura se remite a la Tradición eclesiástica. Es esta tradición que da testimonio del valor de los libros sagrados en la Iglesia. El "canon" de los libros santos afirma su carácter inspirado; mas este canon es establecido por la Tradición. Este carácter de inspiración no puede ser garantizado nada más que por la Iglesia, es decir por la Tradición.

Es dado a cada hombre el juzgar, según su gusto personal, acerca del valor y de la inspiración de una obra; pero nadie puede individualmente destruir las cuestiones relativas a la inspiración divina de las Escrituras y a la presencia del Espíritu Santo en la Biblia. Aquello es dado sólo por el Espíritu de Dios, que habita en la Iglesia, pues nadie conoce las cosas divinas, sino el Espíritu de Dios. Esto tampoco puede ser una cuestión de elección personal, sino solamente elevarlo al juicio de la Iglesia. La historia nos dice que, entre muchas obras escritas, la Iglesia ha elegido un pequeño número de obras inspiradas por Dios; entre diversos Evangelios, ella ha elegido los Evangelios canónicos; después de algunas discrepancias ella ha incluido en el canon ciertos libros (p. ej. el Cantar de los Cantares, el Apocalipsis) y rechazando otros libros que habían formado allí parte durante cierto tiempo (la Epístola de Clemente, "Pastor" de Hermas); ella ha mantenido la diferencia entre los libros canónicos y no-canónicos (pseudoepigrafos y apócrifos). Se tiene razón al de decir que la palabra de Dios posee testimonio inmediato sobre ella misma, una eficacia intrínseca, una suerte de evidencia inmanente de su carácter inspirado. Y ella no seria la palabra de Dios, dirigida a los hombres, si ella no penetra en el corazón humano como una espada tajante. "Es la Iglesia la que nos ha dado la Biblia, con la ayuda de la Tradición, y los Reformadores mismos han recibido la Biblia de la Iglesia, es decir por la Tradición. No pertenece a nosotros el establecer de nuevo la canonicidad de la Escritura. Cada uno debe descubrirla "para sí," nutriéndose de la Palabra de Dios; más debe por otra parte recibirla de manos de la Iglesia, que habla por la Tradición. De otra manera la Escritura dejaría de ser la palabra de Dios; ella se convertiría en un libro, en una obra literaria, sujeta a las investigaciones filosóficas e históricas. Pero la Palabra Dios, pudiendo ser estudiada como un documento histórico jamás debe volverse un "puro documento," pues su forma exterior, aunque manifieste el carácter de una cierta época histórica, afirma no obstante la palabra de la vida eterna; en este sentido ella es un "Símbolo," el lugar de encuentro de lo divino y de lo humano. Nosotros debemos leer la palabra de Dios con fe y veneración.

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